En muchos países del mundo el 13 de enero es el día señalado para conmemorar la “lucha contra la depresión”, organizado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Federación Mundial de Salud Mental

No toda depresión es llanto o desesperación, y es esto lo que a veces desconcierta: no siempre hay tristeza dramática. Muchas veces aparece como fatiga, sueño alterado, dificultades cognitivas y/o pérdida de sentido y motivación.
Para entenderla sin banalizarla, conviene mirar dos líneas conceptuales. La primera es la regulación del cuerpo: el organismo intenta mantener equilibrio bajo presión alostática y, cuando esa carga se vuelve crónica por estrés sostenido, sueño fragmentado, enfermedades psicosomáticas, inflamación, sedentarismo, uso de tóxicos (alcohol, fármacos, drogas), aislamiento, el costo de regularse sube y aparecen fatiga, sueño no reparador, dolores difusos, cambios de apetito, enlentecimiento o agitación.
La segunda variable es la valoración, la capacidad de encontrarle sentido y el sistema calcula (a la baja) “¿esto vale la pena?”; así cae el interés y el placer, finalmente por todo. En esa pérdida de sentido valorativo se instala la duda bajo forma de rumiación: la mente busca explicación, pero se queda atrapada en un constante loop.
Existe una depresión “sonriente” o enmascarada, cuyo nombre científico es “trastorno depresivo mayor con alto funcionamiento”, que se caracteriza porque la persona que la sufre se presenta con una “fachada” de bienestar y puede seguir adelante con su vida laboral, social y familiar sin que nada en su conducta exterior sugiera la existencia de un un profundo malestar.
Se refiere a aquellas personas que presentan criterios que cumplen con el diagnóstico de trastorno depresivo mayor, pero que externamente parecen estar bien: sonríen, trabajan, cumplen con las actividades de la vida diaria y sus responsabilidades y mantienen una imagen de fortaleza».
“Sin embargo, internamente experimentan un profundo malestar emocional. Es una forma de presentación riesgosa dado que puede pasar inadvertida y postergar o retrasar la búsqueda de ayuda».
En la práctica cotidiana, muchas personas no consultan diciendo que están deprimidas. Llegan por dolores persistentes, por un cansancio que no se explica, por trastornos digestivos, cefaleas o insomnio. Estudios normales, consultas repetidas y un malestar que no cede. Con frecuencia, detrás de esos síntomas físicos hay una depresión que todavía no pudo ser reconocida como tal.