Las importaciones textiles se convirtieron en uno de los fenómenos económicos más visibles del último tiempo en Argentina. Mientras el Gobierno defiende la apertura comercial como un mecanismo para bajar precios, distintos indicadores muestran el impacto que esa dinámica está teniendo en la industria local.

Durante su columna en el programa “Al Final de Todo”, que se emite por LU5 y es conducido por Alejandro López, la periodista Carla Barbuto analizó los números que explican esta nueva etapa del mercado textil.
Según detalló, las importaciones del sector crecieron alrededor de 41%, impulsadas principalmente por el ingreso de productos provenientes de China, aunque también por mercadería de otros países.
La apertura no solo impacta en grandes importadores. También se refleja en el consumo cotidiano a través de plataformas de compra online y envíos por correo, que permiten a miles de consumidores acceder directamente a productos del exterior.
Precios de la ropa: aumentos explosivos y posterior desaceleración
Uno de los argumentos centrales del Gobierno para sostener la apertura es el precio final que paga el consumidor.
Barbuto recordó que el rubro textil acumuló aumentos muy por encima de la inflación en años anteriores.
Entre 2019 y 2023, la ropa registró una inflación acumulada cercana al 150%.
Pero el dato más llamativo aparece entre 2023 y 2025, cuando los precios del sector se incrementaron alrededor de un 250%, superando ampliamente el ritmo general de inflación.
En contraste, durante el último año se produjo una desaceleración significativa:
- Inflación general anual: 31,5%
- Inflación en indumentaria: 15,3%
Para el Gobierno, esta diferencia demuestra que la competencia externa contribuye a reducir los precios.
El propio presidente Javier Milei defendió esta lógica durante una exposición reciente en Nueva York, donde utilizó el ejemplo de los neumáticos: productos que en Argentina podían costar hasta cuatro veces más que en el exterior.
La tesis oficial es simple: si los consumidores pagan menos por ciertos bienes, pueden destinar el dinero restante a otros consumos.
El costo oculto: fábricas con máquinas apagadas
El problema aparece cuando se analizan los datos productivos.
Según distintos informes citados en la columna, la producción textil argentina cayó hasta un 40% en varios meses de 2024.
Además, la capacidad instalada de las fábricas llegó a niveles mínimos históricos, con apenas 29% de utilización.
En términos simples:
siete de cada diez máquinas industriales del sector están paradas.
Empleo en caída
El impacto también se refleja en el empleo.
Entre fines de 2023 y octubre de 2025, se perdieron aproximadamente:
- 18.400 empleos registrados vinculados a la industria textil, del cuero y confecciones.
- 10.000 puestos corresponden específicamente al sector del calzado.
A esto se suma el cierre de establecimientos productivos.
De acuerdo con los datos disponibles:
- Cerraron cerca de 500 locales vinculados a la indumentaria
- Unas 100 fábricas de calzado dejaron de operar
El dilema económico
El escenario deja una paradoja clara:
por un lado, los consumidores encuentran ropa más accesible;
por otro, la industria nacional atraviesa uno de los momentos más críticos de las últimas décadas.
El Gobierno sostiene que la economía debe reacomodarse hacia sectores competitivos y que quienes pierdan empleo deberán reconvertirse hacia nuevas actividades.
Sin embargo, el desafío es enorme.
Las áreas con mayor dinamismo —como minería o energía— se concentran principalmente en regiones específicas del país y requieren perfiles laborales distintos a los del sector industrial.
La pregunta, por ahora sin respuesta clara, es cómo se realiza esa transición sin dejar miles de trabajadores en el camino.