El exgobernador de Neuquén presentó su primer libro y defendió el desarrollo energético como motor del país. Habló de inversiones millonarias, empleo, ambiente y el rol estratégico de Vaca Muerta en un contexto global cada vez más demandante de energía.

El exgobernador de Neuquén, Jorge Sapag, presentó su libro “Vaca Muerta, tesoro y faro para la Argentina” y dejó una definición clara: el desarrollo energético no es solo una oportunidad, sino una necesidad estratégica para el país.
En ua extensa charla con Alejandro López en su programa radial Al Final de Todo por LU5, con una mirada técnica pero también política, Sapag repasó el origen del proyecto, su evolución y el impacto económico que ya tiene —y podría multiplicar— en los próximos años.
Sapag recordó los primeros viajes a Canadá y Estados Unidos en busca de inversiones, donde conocieron el desarrollo de los hidrocarburos no convencionales. “Cuando nos dijeron que de una piedra se podía sacar gas y petróleo, parecía difícil de creer”, explicó. Ese conocimiento, más que la inversión inicial, fue el verdadero punto de partida para impulsar Vaca Muerta, apoyado en el cambio constitucional de 1994 que otorgó a las provincias el dominio de sus recursos naturales.
Los números que expuso son contundentes. En 2022, la balanza energética fue deficitaria en USD 5.000 millones. En 2024 pasó a un superávit de USD 6.000 millones y en 2025 alcanzaría los USD 7.000 millones. Para 2030-2031 podría llegar a USD 30.000 millones. “Vamos a igualar casi al complejo agropecuario”, sostuvo. Además, destacó la generación de 70.000 empleos, la creación de 3.000 pymes en Neuquén y un crecimiento del PBI provincial del 90% en la última década, frente a un crecimiento nacional de apenas entre el 2% y el 3%.
Actualmente existen 45 concesiones no convencionales, con 15 empresas operando y una inversión comprometida de USD 215.000 millones. De ese total, ya se ejecutaron unos USD 70.000 millones en los últimos diez años. Sapag subrayó que Vaca Muerta requiere inversión constante: cada pozo cuesta alrededor de USD 10 millones y su producción declina con el tiempo, lo que obliga a perforar de manera permanente.

Las proyecciones indican que Argentina podría alcanzar 1,5 millones de barriles diarios de petróleo hacia 2031-2032 y duplicar la producción de gas actual. El principal límite hoy no es el recurso, sino la infraestructura necesaria, como gasoductos y sistemas de exportación.
En materia ambiental, Sapag planteó que el debate está mal enfocado. Consideró que no se trata de elegir entre desarrollo o cuidado del ambiente, sino de compatibilizar ambos. Señaló que Neuquén cuenta con legislación moderna y controles sobre la actividad, y destacó que el 85% de la matriz energética mundial sigue dependiendo de hidrocarburos, mientras que Argentina solo representa el 1% de las emisiones globales.
El crecimiento acelerado también genera tensiones sociales. El aumento de la población, la demanda de infraestructura, la dificultad de inserción laboral y los consumos problemáticos forman parte de los desafíos actuales. En ese sentido, remarcó la importancia de la educación técnica como herramienta clave para integrar a los jóvenes al mercado laboral.
Consultado sobre el futuro del Movimiento Popular Neuquino, Sapag sostuvo que el partido atraviesa un proceso de renovación generacional. Confirmó que no volverá a ser candidato y que es momento de dar paso a nuevos dirigentes.
Respecto al vínculo entre política y sector privado, planteó que las diferencias deben abordarse con responsabilidad. “Hay que ser duro con los problemas, no con las personas”, afirmó. También defendió una apertura económica “inteligente”, evitando una competencia desigual con economías como la china.
Finalmente, advirtió que el mayor riesgo no es el desarrollo, sino el mal uso de esa riqueza. Señaló que Argentina no debe convertirse en un país dependiente de la renta petrolera, sino aprovechar estos recursos para impulsar otras actividades como la industria, el turismo y la economía del conocimiento.
Vaca Muerta, según su visión, no es solo un yacimiento. Es una oportunidad concreta de transformación. El desafío, como casi siempre en Argentina, no es tener los recursos, sino saber qué hacer con ellos.