Un proyecto impulsado por la ANIDE logró producir frutillas en plena meseta de Plaza Huincul con tecnología hidropónica. La experiencia ya es viable, más económica y abre el camino hacia una nueva matriz productiva en la provincia.

La producción de frutillas hidropónicas en Plaza Huincul dejó de ser una idea experimental para convertirse en una realidad concreta dentro del proceso de diversificación productiva que impulsa la provincia de Neuquén.
El proyecto, que comenzó hace dos años con financiamiento nacional, es ejecutado por la ANIDE y se desarrolla en el vivero municipal de la localidad, a pocos metros de un sitio emblemático: el histórico pozo Nº1 de YPF.
La iniciativa incorpora un sistema de cultivo hidropónico que prescinde del suelo tradicional. Las plantas crecen sobre caballetes, en bolsas con sustrato elaborado a base de granulado volcánico local, irrigadas mediante riego por goteo. Este modelo no solo optimiza recursos, sino que también reduce costos.
Según explicó el secretario ejecutivo de ANIDE, Joaquín Perren, en una entrevista en el programa Al Final de Todo conducido por Alejandro López, la producción es hasta un 40% más económica que los sistemas tradicionales que dependen de insumos externos. Además, destacó que se trata de una tecnología adaptada al territorio, pensada específicamente para las condiciones de la meseta neuquina.
Más allá de la eficiencia productiva, el proyecto también tiene un fuerte impacto social. Cuatro mujeres de la zona fueron capacitadas en todo el proceso: desde la plantación y fertilización hasta la poda y comercialización del producto. La experiencia incluyó siete encuentros formativos que ahora buscan replicarse en otras localidades como Plottier.
La calidad del producto es otro de los puntos destacados. Las primeras cosechas arrojaron frutillas de alto nivel, tanto en sabor como en rendimiento, lo que refuerza la viabilidad comercial del modelo.
El desafío hacia adelante no es menor. Si bien el sistema ya demostró funcionar, aún deben resolverse cuestiones técnicas, como el diseño de estructuras más resistentes para soportar el peso del sustrato volcánico, que es más denso que el tradicional.
Desde ANIDE proyectan escalar la producción en los próximos años, con el objetivo de garantizar abastecimiento local durante todo el año y reducir la dependencia de frutas provenientes de otras regiones del país.
La experiencia marca un punto de inflexión: la posibilidad de integrar ciencia, tecnología y territorio para generar producción sustentable, empleo local y una economía más diversificada en el corazón de Vaca Muerta.