Solo 1 de cada 10 personas con problemas de consumo logra recuperarse, según los profesionales de la salud mental. Mientras tanto, en Neuquén, el cierre del albergue nocturno que contuvo a más de 180 personas en situación de calle deja al descubierto la falta de respuestas sostenidas frente a una problemática que atraviesa a toda la sociedad.

Las adicciones se han convertido en una pandemia silenciosa que atraviesa a miles de familias en la región. Según estadísticas de profesionales de la salud mental, apenas una de cada diez personas con problemas de consumo logra recuperarse. El resto queda atrapado en un círculo de exclusión, falta de oportunidades y abandono.
No se trata únicamente del consumo de drogas duras. También el alcohol y el juego patológico forman parte de un escenario complejo que, como bien se refleja en las consultas médicas, se multiplica día a día.
En Neuquén, esta realidad quedó expuesta en el último invierno, cuando más de 180 personas en situación de calle encontraron refugio temporal en un albergue nocturno. Ese espacio, que fue abierto para protegerlos de las bajas temperaturas, está a días de cerrar sus puertas. El futuro de quienes recibieron allí asistencia y contención sigue siendo una incógnita.
Detrás de cada rostro hay una historia marcada por la dificultad para reinsertarse en el mercado laboral, la falta de redes de apoyo y los serios problemas derivados del consumo. Durante meses, el albergue representó un respiro, pero no una solución definitiva.
Mientras tanto, grupos de profesionales y organizaciones privadas intentan suplir esa carencia, trabajando en tratamientos largos que requieren entre 6 y 18 meses, e incluso más, para que una persona pueda recuperar su vida. El desafío no es solo contener, sino acompañar a las familias y lograr la reinserción del paciente, el paso más complejo y costoso de todo el proceso.
“Estamos ante un problema grave que nos involucra a todos”, remarcó Alejandro López en su editorial, recordando que en un auditorio de mil personas, cuando se preguntó quién tenía algún vínculo directo o indirecto con alguien con problemas de adicciones, todos levantaron la mano.
La foto es contundente: lo urgente se atiende de manera provisoria, pero lo profundo se sigue ignorando. La pandemia de las adicciones crece, se expande y nos interpela como sociedad.


