La falta de confianza y la lentitud para demostrar beneficios económicos concretos suelen ser mencionados como los desafíos más importantes que enfrenta actualmente la expansión de la Inteligencia Artificial entre las personas y las empresas.

“La IA agéntica es muy incipiente, recién la estamos empezando a ver. A diferencia de la generativa, que es un colaborador que aumenta la eficiencia del ser humano, la agéntica puede reemplazar al humano en algunos aspectos. Cuando le damos una instrucción, el agente la ejecuta, mide el error de su acción, y si le damos libertad, se autocorrige. Itera con un nivel de autonomía y de productividad absoluto”, explicó Julio Hutka, Director de Negocios Corporativos de Telecom Argentina.
“El agente tiene APIs que interfacean con las máquinas y ejecuta acciones. Mide el resultado de esa máquina y reconfigura el algoritmo aprendido. Se auto reconfigura. Y además puede dialogar con otros agentes. En esa autocorrección constante llega a un nivel de autonomismo que el humano no puede controlar, porque los agentes interactúan entre ellos y se corrigen”, destacó el especialista.
Esta complejidad es clave para entender qué está pasando entre las grandes empresas con la adopción de la Inteligencia Artificial para optimizar sus procesos. “Las compañías tenemos que empezar a trabajar sabiendo que mientras estamos usando hoy una herramienta de IA, se está desarrollando una nueva versión. Y esta renovación cada vez más acelerada nos pone frente a un desafío permanente para adaptar esta realidad a las actividades productivas”, añadió Hutka.
La preocupación y las dudas que todavía rodean la implementación de la IA entre las empresas y personas también quedó reflejada en los resultados de una encuesta mundial realizada por KPMG y la Universidad de Melbourne, Australia, respondida por más de 48.000 personas titulada “Estudio global sobre la confianza, actitudes y uso de la inteligencia artificial”.
Allí, se advierte, entre otros resultados, que más de la mitad (54%) de los encuestados se muestra reticente a confiar en ella. Además, las personas son más escépticas respecto a la seguridad, la protección y el impacto social de la IA, y confían más en su capacidad técnica siendo que el 72% acepta su uso.
Las personas que respondieron la encuesta de las economías avanzadas, en comparación con las economías emergentes, son menos confiadas (39% frente al 57%) y menos tolerantes (65% frente al 84%), respectivamente.


