En el Día Internacional del Juego Responsable, la psicóloga clínica y social Romina Caccia advierte sobre el crecimiento del juego problemático, el impacto en familias y jóvenes, y las señales de alerta que no deben ignorarse.

El avance de las plataformas digitales y el acceso permanente desde el celular cambiaron las reglas del juego. Literalmente. Lo que antes estaba limitado a casinos o salas físicas, hoy está disponible las 24 horas en cualquier dispositivo. En ese contexto, la ludopatía crece y se vuelve cada vez más silenciosa.
En el marco del Día Internacional del Juego Responsable, la licenciada en Psicología Clínica y psicóloga social Romina Caccia explicó en Al Final de Todo con Alejandro López por LU5, la importancia de diferenciar el entretenimiento del juego problemático y advirtió sobre las consecuencias económicas, emocionales y vinculares que puede generar esta adicción.
Cuándo el juego deja de ser entretenimiento
“El juego responsable tiene límites claros: tiempo, dinero y aceptación de la pérdida”, señaló Caccia. El problema comienza cuando la persona no puede detenerse, necesita apostar cada vez más dinero o intenta recuperar lo perdido con nuevas apuestas.
Entre las señales de alerta aparecen la irritabilidad cuando no puede jugar, la preocupación constante por apostar, el deterioro del funcionamiento cotidiano y el impacto económico. “Muchas veces se juega por estrés o para escapar de problemas. Ahí ya no es entretenimiento, es necesidad”, explicó.
La frase “esta es la última vez” suele repetirse. Y casi nunca es verdad.
Impacto en la familia y en la economía
La ludopatía no afecta solo a quien juega. Las familias suelen ser las primeras en notar movimientos financieros extraños, deudas, créditos o cambios bruscos en el comportamiento. También se registran conflictos familiares, desconfianza, desgaste emocional y aislamiento.
“Puede consultar tanto la persona que tiene el trastorno como la familia. Muchas veces el pedido de ayuda aparece cuando ya hay un endeudamiento fuerte o un deterioro en los vínculos”, indicó la profesional.
En adolescentes, el riesgo es mayor
Uno de los puntos más sensibles es el impacto en adolescentes y adultos jóvenes. Según Caccia, en esta etapa todavía no están plenamente desarrolladas las funciones vinculadas al autocontrol y la toma de decisiones.
“La impulsividad y la búsqueda de recompensa inmediata son características propias de la adolescencia. Las apuestas online ofrecen gratificación rápida y eso las vuelve especialmente peligrosas”, sostuvo.
En estos casos pueden aparecer mentiras a los padres, uso indebido de dinero, bajo rendimiento escolar, aislamiento y cambios de humor marcados.
Tratamiento: sí, se puede salir
La ludopatía tiene tratamiento. Puede abordarse desde la psicoterapia individual, el trabajo interdisciplinario y los grupos de ayuda. El foco no está solo en dejar de jugar, sino en comprender qué función cumple esa conducta en la vida de la persona.
“No hay un tiempo cronológico exacto para hablar de cura. Depende del compromiso con el tratamiento y del acompañamiento familiar”, afirmó Caccia.
El entorno cumple un rol central, especialmente cuando se trata de jóvenes. El sostén familiar puede marcar la diferencia en la recuperación.
Cuándo pedir ayuda
La recomendación es no esperar a que la situación sea insostenible. Irritabilidad constante, necesidad de apostar cada vez más, dificultades económicas o deterioro en los vínculos son señales claras de que es momento de consultar.
La ludopatía no es un problema de “falta de voluntad”. Es un trastorno del control de impulsos que requiere abordaje profesional.
En tiempos donde el juego cabe en el bolsillo y opera en silencio, la prevención empieza por hablar del tema y dejar de minimizarlo. Porque cuando el entretenimiento se convierte en dependencia, el costo no es solo económico: es emocional, familiar y, en algunos casos, vital.


