Por Redacción
La coincidencia no es casual. En dos escenarios distintos, con pocas horas de diferencia, el ministro de Economía de la Nación, Luis Caputo, y el gobernador de Neuquén, Rolando Figueroa, plantearon el mismo horizonte: una proyección de inversiones y generación de recursos en Vaca Muerta que alcanzaría los 350.000 millones de dólares hacia 2035.

Más que una coincidencia discursiva, lo que se empieza a consolidar es una alineación estratégica entre el Gobierno nacional y la administración neuquina en torno al principal activo energético del país. Una política de Estado que, al menos en lo discursivo y en la planificación, parece haber encontrado un punto de encuentro poco frecuente en la Argentina.
Caputo lo expuso durante su participación en la Expo EFI en la Ciudad de Buenos Aires. Figueroa, en paralelo, lo hizo ante el periodismo regional. El mensaje fue el mismo: Vaca Muerta no es solo una promesa, sino el eje estructural sobre el que se proyecta la recuperación económica argentina en la próxima década.
Infraestructura, logística y una apuesta a escala
Desde Neuquén, el foco está puesto en traducir esa proyección en condiciones concretas de desarrollo. El gobierno provincial avanza en un ambicioso plan de conectividad vial que busca reorganizar el tránsito productivo en toda la provincia, reduciendo tiempos y costos logísticos para la industria hidrocarburífera.
Uno de los datos más significativos es el ahorro estimado en transporte, que podría oscilar entre los 22 y 80 millones de dólares, producto de una red vial más eficiente. La posibilidad de acceder directamente a Añelo desde zonas estratégicas como Catriel, sin rodeos innecesarios, no solo optimiza recursos sino que mejora la competitividad del sector.
En ese marco, se prevé además la creación de un fondo fiduciario destinado a financiar estas obras, junto con el ingreso de 150 millones de dólares provenientes de la reasignación de áreas de explotación.
La lógica es clara: si el recurso es estratégico, la infraestructura también debe serlo.
La tensión: política de Estado vs. política chica
Sin embargo, el principal riesgo no parece estar en la geología ni en el mercado, sino en la política.
Mientras los sectores de decisión avanzan en una hoja de ruta común, emergen tensiones dentro del propio sistema político. Parte de la dirigencia, particularmente en espacios opositores con afinidad al presidente Javier Milei, comienza a anticipar el clima electoral y a introducir ruido en un proceso que requiere estabilidad y previsibilidad.
Desde el entorno económico nacional, el mensaje es cada vez más explícito: evitar que la disputa menor interfiera en un esquema que necesita continuidad. La advertencia no es menor. En un contexto donde la Argentina busca consolidarse como proveedor energético global, cualquier señal de desorden impacta directamente en la confianza de los inversores.
Una oportunidad que no admite improvisaciones
La magnitud de lo que está en juego obliga a pensar más allá de la coyuntura. Los 350.000 millones de dólares proyectados no representan solo un número, sino una transformación estructural de la economía argentina.
En ese escenario, la sintonía entre Nación y Neuquén aparece como un activo político en sí mismo. Pero también como una fragilidad: depende de que esa coordinación se sostenga en el tiempo y no quede subordinada a liderazgos individuales o tensiones internas.
Vaca Muerta ya no es una promesa. Es una plataforma en marcha.
La incógnita, como suele ocurrir en la Argentina, no es el potencial, sino la capacidad de la dirigencia para no interferir en su propio desarrollo.