En medio de la gran reserva energética de Vaca Muerta, ocho alumnos llevan dos meses sin clases porque la Escuela 291 de Aguada Toledo no tiene gas. A eso se suma el deterioro de los caminos provocado por la actividad petrolera. La contracara de un éxito que suele medirse en millones de dólares, barriles y metros cúbicos.

Hay cifras que impresionan. Millones de dólares en inversiones. Millones de metros cúbicos de gas. Miles de barriles de petróleo. Grandes obras, grandes anuncios, grandes expectativas.
Y después están los ocho alumnos de la Escuela 291 de Aguada Toledo, una escuela rural ubicada en pleno corazón de Vaca Muerta.
Ocho niños, niñas y adolescentes que deberían estar haciendo algo bastante más sencillo que formar parte de las estadísticas energéticas: deberían estar yendo a la escuela.
Hace dos meses que no tienen clases, la razón parece casi una paradoja imposible de explicar: la escuela está en Vaca Muerta y está sin gas.
No es una metáfora. No es una exageración. Es una situación concreta que fue relatada por su directora, Janet Alvear, y que además fue reclamada ante las autoridades educativas sin obtener, hasta ahora, una respuesta formal.
Pero la historia no termina ahí.
Los caminos de acceso a la escuela también están deteriorados. Las empresas petroleras utilizan las picadas y caminos de tierra de la zona, sometiéndolos al tránsito permanente de maquinaria y vehículos vinculados con la actividad hidrocarburífera. El problema es que después esos caminos no reciben el mantenimiento suficiente para garantizar una transitabilidad adecuada.
Llegar a la escuela se convierte en otro problema para la directora, para los docentes y para los alumnos.
Y esos ocho alumnos son, justamente, una parte de esa neuquinidad que tantas veces aparece reivindicada cuando hablamos de Vaca Muerta.
Por eso resulta difícil aceptar que una escuela rural ubicada en pleno corazón de la principal reserva energética de la Argentina pueda permanecer dos meses sin gas.
Y también resulta difícil aceptar que la actividad que genera semejante movimiento económico no pueda garantizar condiciones mínimas de transitabilidad para quienes viven y trabajan allí.
La industria avanza. Y está bien que Neuquén produzca, crezca, invierta y genere recursos. Pero el desarrollo no puede medirse solamente por cuánto petróleo sacamos o cuánto gas exportamos.
Si en medio de Vaca Muerta una escuela se queda sin gas y ocho alumnos se quedan sin clases, entonces no estamos frente a una anécdota. Estamos frente a una contradicción.
Esta es la otra cara de Vaca Muerta. La que no aparece en las grandes cifras. La que tiene ocho nombres, ocho historias y una escuela que espera.

