Un informe de consultoras privadas confirma el deterioro del poder adquisitivo: la clase media se reduce, crece la incertidumbre y la recuperación económica no se percibe en la vida cotidiana.

Los números ya no admiten interpretaciones complacientes. La situación económica en Argentina atraviesa un punto crítico que se refleja con claridad en los últimos estudios de opinión y consumo.
Según datos relevados por la consultora CB Global Data, apenas entre un 18% y un 21% de la población logra sostener su nivel de vida sin sobresaltos. El resto, cerca del 80%, se distribuye entre la preocupación creciente, la pérdida de ingresos y situaciones de pobreza e indigencia.
El dato no solo es contundente, es también coherente con lo que se percibe en la calle. Sectores que hasta hace poco lograban equilibrar sus cuentas hoy comienzan a sentir el impacto de la inflación acumulada, el aumento del costo de vida y la presión constante de gastos fijos como alquileres, servicios y alimentos. La franja media, históricamente amortiguadora de las crisis, se achica mes a mes.
En el centro de la pirámide social se consolida una masa cada vez más amplia de personas que aún no han caído en la pobreza estructural, pero que ya no logran cubrir todas sus necesidades.
Es el segmento más sensible al deterioro económico, el que expresa preocupación y agotamiento frente a una recuperación que no termina de materializarse.
En la base, la situación es aún más crítica. Los sectores más vulnerables no solo enfrentan dificultades para acceder a bienes básicos, sino que además comienzan a perder expectativas. El hambre, que nunca desapareció, vuelve a ocupar un lugar central, acompañado de un creciente malestar social.
El fenómeno se repite en distintos relevamientos de consultoras privadas, lo que refuerza la consistencia del diagnóstico. Más allá de los discursos oficiales o las interpretaciones políticas, la realidad económica se impone con datos concretos: menos margen, más ajuste cotidiano y una estructura social que se tensiona.
En este contexto, la expectativa de mejora sigue presente, pero cada vez más condicionada por la falta de resultados visibles. Porque cuando los números no cierran, la esperanza sola no alcanza.