Mientras los indicadores oficiales muestran una caída de la pobreza, economistas advierten que los datos no se alinean con la realidad económica: caída del salario, aumento del desempleo y una fuerte sospecha sobre la medición del ingreso informal.

La reciente publicación de datos oficiales que ubican la pobreza en el 28,2% encendió un debate técnico y político. Aunque el número representa una baja significativa respecto al 41,7% registrado previamente, distintos analistas advierten que la mejora no se condice con el deterioro de variables clave de la economía.
El economista Guido Agostinelli dialogó con Alejandro López en su programa Al Final de Todo por LU5,puso en duda la consistencia del dato al señalar que los salarios registrados continúan perdiendo frente a la inflación, con una caída del 2,3% en términos reales, mientras que en el sector público el deterioro alcanza el 17,9%.
A esto se suma un contexto laboral complejo: el desempleo se ubica en torno al 7,5%, se perdieron más de 270.000 puestos de trabajo registrados —mayoritariamente en el sector privado— y cerraron aproximadamente 22.000 empresas en el último período. En paralelo, la recaudación del IVA muestra caídas de entre el 4% y el 6%, y la recaudación total supera el 8% de descenso, reflejando una economía con menor nivel de actividad.
Uno de los puntos más controversiales radica en la evolución del salario informal. Según los datos difundidos por el INDEC, este segmento habría crecido cerca de un 70% por encima de la inflación desde noviembre de 2023, un comportamiento inédito en las series históricas.
El problema es metodológico y conceptual. A diferencia del empleo formal, el ingreso informal no cuenta con registros administrativos, sino que se construye a partir de encuestas. Esto introduce márgenes de error vinculados a la declaración de ingresos por parte de los encuestados y a la representatividad de la muestra.
“Una discrepancia tan grande entre salarios formales e informales no tiene antecedentes recientes”, advirtió Agostinelli, quien además solicitó formalmente información al organismo estadístico para determinar si hubo modificaciones en la metodología de medición.
El impacto de esta distorsión es directo sobre el índice de pobreza. Un aumento significativo en los ingresos informales puede reducir artificialmente la cantidad de personas bajo la línea de pobreza, incluso en un contexto de deterioro generalizado del mercado laboral.
En cuanto a la estructura social, los datos muestran una tendencia sostenida: reducción de la clase media, expansión de los sectores medios-bajos y mantenimiento de una élite económica estable, que ronda el 5% de la población. Este proceso acerca la configuración social argentina a patrones más desiguales, similares a los de otros países de América Latina.
Aunque algunos indicadores sociales muestran mejoras, la falta de coherencia entre las distintas variables económicas abre interrogantes sobre la sostenibilidad de esta aparente recuperación. En este escenario, la transparencia metodológica y la consistencia estadística se vuelven claves para interpretar el verdadero estado de la economía argentina.