Hay frases que duelen más por quién las dice que por su contenido. Escuchar al presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, referirse a la Argentina como un “país moribundo” no solo resulta provocador, sino profundamente revelador del lugar en el que quedamos parados como Nación.

Lo más alarmante, sin embargo, no es la declaración en sí, sino la respuesta local: el silencio cómplice del oficialismo, que parece aceptar la ofensa como si fuera una verdad inevitable.
Porque si algo no es la Argentina, es un país moribundo. Que nos quieran ver así, es otra historia. Que nos quieran convencer de que somos un país entregado y sin destino, también. Pero los hechos demuestran lo contrario: si realmente fuéramos un país en decadencia terminal, las potencias del mundo no tendrían los ojos puestos en nuestros recursos, ni proyectarían sobre nosotros la provisión estratégica de energía, alimentos y minerales críticos para las próximas décadas.
Argentina no está muriendo. Lo que se está apagando, y hace rato, es la clase dirigente que gobierna con sumisión y miopía, incapaz de ver más allá de su propio interés. Esa dirigencia que prefiere obedecer dictados externos antes que levantar la voz en defensa de su gente.
Lo verdaderamente moribundo es el coraje político. Es la dignidad institucional. Es la convicción de construir un país soberano con decisión propia. Porque recursos naturales tenemos, y de sobra. Tenemos talento, capacidad, resiliencia y una sociedad que, aun golpeada, sigue de pie.
Entonces no, señor Trump: la Argentina no está moribunda. Lo que agoniza —y ya casi sin pulso— es su dirigencia política, esa que entregó la autonomía del país a cambio de préstamos, aplausos o promesas de estabilidad.
Y quizás, si hay algo que valga la pena rescatar de este episodio, es que muchos argentinos empiezan a despertar. A entender que no necesitamos un presidente extranjero ni un tutelaje externo para definir quiénes somos y hacia dónde vamos.
Argentina está viva. Late fuerte. Lo que necesita es que su dirigencia también empiece a hacerlo.


