El consumo de alcohol durante la adolescencia se relaciona con alteraciones en el desarrollo cerebral y un deterioro de varias funciones cognitivas.

Un análisis, publicado en Pharmacology Biochemistry and Behavior, reúne evidencia de investigaciones en humanos y animales, y concluyó que los patrones de consumo intensivo están vinculados a resultados negativos en pruebas de memoria, aprendizaje, velocidad psicomotora, atención, funciones ejecutivas e impulsividad.
Según los datos presentados, la adolescencia representa una etapa de alta vulnerabilidad neurobiológica, donde el cerebro registra una rápida reducción de la materia gris y un aumento atenuado de la materia blanca en quienes consumen grandes cantidades de alcohol, comparados con adolescentes que no beben. Estos cambios estructurales se advierten principalmente en los lóbulos frontal y temporal, áreas asociadas al control ejecutivo y la memoria. Los estudios de neuroimagen funcional muestran que los adolescentes que inician el consumo excesivo de alcohol presentan mayor activación cerebral durante tareas de control ejecutivo y atención, lo que indica que requieren un esfuerzo cognitivo superior para igualar el rendimiento de quienes no consumen.
La revisión señala que el 27% de los adolescentes de 15 a 19 años en el mundo bebió alcohol en el último mes, con tasas regionales entre el uno y el 44%. El consumo excesivo afecta al 14% de los jóvenes en ese rango de edad, siendo más habitual en Europa, donde supera el 50% en ciertos países. Los varones presentan tasas más altas de consumo y episodios de ingesta excesiva comparados con las mujeres.
En relación con la recuperación tras dejar el consumo, la evidencia es diversa. Algunos estudios muestran mejoras parciales en la memoria y función cognitiva tras varios años de abstinencia, mientras que otros no encuentran diferencias importantes con quienes siguen bebiendo.


