La situación de calle en Neuquén volvió a encender una alarma que ya no admite postergaciones. Un relevamiento realizado por organizaciones sociales que trabajan desde hace años en el territorio detectó 671 personas en distintos puntos de la ciudad, una cifra que expone una realidad mucho más amplia, compleja y dolorosa que la que suele aparecer en los registros oficiales. Detrás de cada número hay una historia, una ruptura, un pedido de ayuda y, muchas veces, una espera demasiado larga.

Rubén Lezcano, integrante de Red Solidaria Neuquén, explicó que el trabajo no fue un estudio estadístico formal, sino un conteo territorial construido desde la experiencia cotidiana de quienes recorren las calles con viandas, frazadas, abrigo y acompañamiento. No se trata, dijo, de especialistas con planillas, sino de personas y organizaciones que hace años sostienen el contacto directo con quienes duermen bajo puentes, en canales, en zanjones, en ranchadas improvisadas o sobreviven haciendo changas, limpiando vidrios o vendiendo algo en las esquinas.
En ese trabajo participaron distintas organizaciones que conocen el mapa real de la exclusión en la ciudad: Menos Blamas Amor, Noches de Caridad de la parroquia de Alta Barda, Pan de Amor de Nuestra Señora de Luján, Casa de las Naciones y otros espacios que no dejaron de asistir a personas en situación de calle durante los últimos años. A partir de unos 178 contactos iniciales, con repeticiones por cruces entre grupos que pasaron por los mismos lugares, lograron consolidar 117 puntos de contacto. Allí registraron a 671 personas.
Los datos son contundentes. El 82% de las personas relevadas son varones: 556 en total. El 12% son mujeres, unas 81 personas. El 4% corresponde a otras identidades de género y el 2% son niños. Ese dato, quizás uno de los más sensibles, se actualizó en las últimas horas: ya son 19 chicos detectados en este relevamiento. No es un número menor ni puede relativizarse. Que haya niños vinculados a escenarios de calle obliga a mirar el problema desde una perspectiva todavía más urgente.
Otro de los puntos que derriba prejuicios es el origen de las personas relevadas. Según el conteo, el 84% pertenece a la provincia del Neuquén. Son 564 personas. Solo el 16%, unas 107, provienen de otros lugares. La idea repetida de que la mayoría “viene de afuera” no encuentra respaldo en este trabajo territorial. El fenómeno tiene raíz local y habla de una fractura social que atraviesa a Neuquén puertas adentro.
También aparece con fuerza el consumo problemático. El 64% de las personas relevadas refirió algún tipo de consumo de alcohol u otras sustancias, sin contar tabaco. El 36% dijo no consumir. Lezcano aclaró que este punto debe leerse con cautela, porque depende de lo que cada persona esté dispuesta a contar, pero aún con esa reserva la cifra confirma algo que las organizaciones ven todos los días: la situación de calle suele estar atravesada por consumos que agravan la vulnerabilidad y dificultan cualquier intento de salida sin acompañamiento sostenido.
Con toda esa información, las organizaciones comenzaron a construir un mapa georreferenciado. No es una postal fija, porque la realidad cambia todo el tiempo: la policía corre a algunas personas de ciertos lugares, la municipalidad limpia canales y quienes dormían ahí se trasladan, otros se mueven por trabajo o por supervivencia. Pero sí permite tener una foto dinámica de dónde están, cuántos son, qué situaciones atraviesan y cómo intervenir mejor. La intención, según explicó Lezcano, es que ese insumo sirva para compartir con el Estado una base de trabajo concreta.
La diferencia entre este relevamiento y los registros oficiales también deja una reflexión de fondo. Mientras el municipio había estimado a fines del año pasado unas 264 personas en situación de calle, el número detectado por las organizaciones casi triplica esa cifra. No necesariamente porque uno esté bien y el otro mal, sino porque parten de metodologías distintas. Las organizaciones llegan con comida, abrigo y confianza. El Estado, en general, llega con formularios y protocolos. Y en esa diferencia muchas veces se juega la posibilidad de acceder o no a la verdad completa.
El dato territorial más preocupante es el crecimiento de esta realidad en el oeste neuquino. Según Lezcano, es la zona donde más aumentó la cantidad de personas en situación de calle. Mencionó además un caso que los sorprendió: Mariano Moreno, un barrio donde antes no tenían personas localizadas en estas condiciones, hoy aparece dentro del mapa. También relató lo que encontraron en una esquina muy visible de la ciudad: en la zona del casino, donde antes podían contar ocho, nueve o doce personas como máximo, en marzo registraron 26. La escena urbana cambió y ya no hace falta buscar demasiado para verla.
Frente a la llegada del invierno, la pregunta se vuelve inevitable. Qué va a pasar cuando bajen aún más las temperaturas. Qué dispositivo se va a montar. Qué capacidad tendrá el Estado para responder. Lezcano contó que ya hubo reuniones con el Ministerio de Trabajo y Desarrollo Humano, convocadas por la Secretaría de Desarrollo Humano, para comenzar a pensar alternativas. Pero también insistió en una idea central: no alcanza con asistir, hay que acompañar y cuidar.
Ese planteo no es teórico. Surge de experiencias concretas. Relató, por ejemplo, el caso de dos jóvenes que habían estado en la calle y fueron acompañados por una organización hasta ingresar al hogar Cura Brochero, atravesar un proceso de desintoxicación, conseguir trabajo, alquilar y empezar una nueva etapa. Hoy son ellos quienes cocinan y salen a llevar comida a quienes siguen en la calle. También mencionó el caso de otro hombre que, tras haber vivido en situación de calle, logró trabajar, comprar una casilla y comenzar a levantar una nueva vida. Son historias posibles. No milagrosas. Posibles. Pero requieren tiempo, presencia, seguimiento y una red que no suelte la mano cuando aparece la primera mejora.
Ahí está, precisamente, uno de los núcleos más profundos del problema. No se trata solo de ofrecer una cama por una noche o una respuesta de emergencia frente al frío. Se trata de construir políticas a largo plazo para personas que, muchas veces, además de un techo necesitan rehacer hábitos, recuperar documentos, sostener tratamientos, salir del consumo, volver a confiar y tener una oportunidad real de empleo. Un test preocupacional con consumo positivo, recordó Lezcano, suele cerrar de inmediato la puerta del trabajo formal. Y sin trabajo, casi todo vuelve a empezar.
El tramo más duro de la entrevista llegó al final, cuando Rubén decidió ponerles nombre a las ausencias. Habló de Pablo, de Emilio y de Javier. Tres hombres que durante años pidieron algo básico: un lugar donde vivir para poder bañarse, cambiarse, salir a buscar trabajo y recomenzar. Tres personas a las que las organizaciones volvieron a buscar este año y supieron que habían muerto a fines del año pasado, en distintas circunstancias. Murieron, dijo, pidiendo un lugar donde estar.
Esa frase condensa más que cualquier estadística. Neuquén discute números, protocolos, competencias y dispositivos, pero hay personas que siguen muriendo mientras esperan una oportunidad concreta para volver a empezar. El relevamiento de las organizaciones no es solo un conteo. Es también una interpelación. Una llamada de atención a toda la sociedad y, sobre todo, al Estado.
Porque cuando una ciudad naturaliza que cientos de personas vivan a la intemperie, ya no está frente a un problema ajeno. Está frente a una herida propia. Y esa herida, si no se atiende con humanidad, decisión política y continuidad, seguirá creciendo al mismo ritmo que el frío.


