Mientras el 20% de la sociedad sigue atada a la política como negocio, el 80% restante comienza a poner límites. La confianza en Javier Milei se debilita y las encuestas muestran un nuevo descenso en la adhesión. En este escenario, el modelo neuquino aparece como referencia de previsibilidad y gestión, frente a una dirigencia nacional en crisis.

La política entre servicio y negocio
En Argentina, la política ha dejado de discutirse como un servicio al ciudadano para transformarse, en gran parte, en un negocio. No siempre ligado a la corrupción, pero sí a los intereses de quienes llegan al poder con paquetes armados para sostener a sus sectores. Ese 20% que vive de la política contrasta con el 80% de la población que, desafectada de esos negociados, demanda un rumbo distinto.
La confianza en jaque
Ese 80% de la ciudadanía encendió la alarma. Hoy la confianza depositada en el presidente Javier Milei hace apenas un año y ocho meses se resquebraja. Las encuestas reflejan un descenso en la adhesión no solo hacia el mandatario, sino hacia gran parte de la dirigencia política. La desconfianza se alimenta de denuncias, intentos de desligarse de escándalos y una economía que no da respiro.
El escenario económico
La economía suma presión: en las últimas dos semanas, el peso argentino se devaluó en promedio un 4%, con picos diarios del 7% y hasta el 8%. Los bonos soberanos también se desplomaron, con caídas promedio del 6% y máximos del 15%. Medios internacionales especializados advierten sobre una severa crisis que golpea la imagen del país y profundiza el malestar ciudadano.
Neuquén como ejemplo de previsibilidad
Mientras tanto, en Neuquén se consolida un modelo político que ofrece previsibilidad y continuidad en políticas de Estado. En energía, turismo y administración de recursos, la provincia mantuvo lineamientos claros durante los últimos 16 a 20 años, más allá de los cambios de gobierno.
El triunfo de Rolando Figueroa, por fuera de la histórica estructura del MPN, fue un reflejo de esa demanda ciudadana: cambio político sin perder estabilidad en la gestión. Esa madurez permitió evitar el caos que sí caracteriza a la escena nacional.
Hacia dónde va la sociedad
El último gran enamoramiento político fue el de Cristina Kirchner. Hoy, los ciudadanos ya no se atan a proyectos de largo plazo. El voto se volvió más corto, condicionado a resultados y respuestas concretas. La búsqueda de nuevos liderazgos está en marcha y el 80% de los argentinos que no dependen de la política reclama un horizonte claro.
El desencanto con Javier Milei y la caída de confianza en la dirigencia marcan el pulso de una sociedad que ya no entrega cheques en blanco. El ciudadano común, el que mete la mano en el bolsillo y no llega a fin de mes, exige otra política: menos negocio, más servicio. La incógnita es quiénes lograrán interpretar esa demanda y construir la confianza necesaria para conducir el futuro.




